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Pelusín y su bicicleta

Pelusín tiene bicicleta, un gran circo donde vive y una gran cuerda por donde andar.

Sabes quién es? Pues el ciclista del circo más alegre que puedes conocer.

Pelusín es un osito muy hábil y no hay prueba que no sepa hacer. La carpa del circo se llena de aplausos cuando él trabaja.

Tiene un monito amigo llamado Tití.

Un día, decidieron salir a pasear por la ciudad que no conocían. El osito subió a la bicicleta y Tití también se encaramó a ella.

Felices y seguros, iban por el costado derecho de la calzada, bien cerca del cordón de la acera, mirando las casas y la gente de la ciudad.

Pelusín empezó a sentirse cansado; miró a su alrededor, junto a él circulaba una camioneta y se le ocurrió una mala idea.

-Uhm! –dijo Palusín-, si me sujeto de ese vehículo me llevará sin que yo me canse. Y así lo hizo.

Habían andado  unos pocos metros cuando la luz amarilla del semáforo le avisó al conductor de la camioneta que debía parar y, ni bien frenó, nuestros amigos se estrellaron contra el camión de verduras que cruzaba en esos momentos. Pelusín y Tití volaron y cayeron sobre las verduras; no se hicieron daño, pero la bicicleta quedó toda arrugadita.

Pueden imaginarse qué pasó con el tránsito. Un choque entre una bicicleta y un camión!

Todos buscaban al ciclista pero no lo encontraban.

Nadie se imaginaba que estaba entre las verduras hasta que apareció la carita de Pelusín coronada con una espinaca, mientras Tití encontró un rico tomate y se puso a comerlo.

Pelusín, preocupado, miraba el bochinche que había a su alrededor; tuvo ganas de llorar cuando vio su bicicleta.

Ya había aparecido el agente de tránsito a poner orden y hacer preguntas.

-Tienes edad para conducir la bicicleta en la calle?

Pelusín lo miró asombrado, en el circo era el más chico y por eso lo aplaudían más. Ahora resultaba que para andar en la calle tenía que tener diez años cumplidos.

El agente agregó:

-Cómo…! Llevabas un acompañante? No sabes que no pueden ir dos en una misma bicicleta?

Pelusín tragó saliva y no dijo nada.

-A qué velocidad ibas? Por qué no pudiste frenar?

Iba agarrado de la camioneta –respondió Titï- cuando ésta frenó y, zas! Nos estrellamos.

-Eso no debe hacerse –dijo el agente-; sin duda has salido sin permiso de sus padres.

El agente levantó la maltrecha bicicleta, tomó a los amiguitos por la mano y volvieron todos al circo.

Esa noche, Pelusín –conversando con sus padres- admitió que trabajar en el circo era menos peligroso que andar en bicicleta por la ciudad, y sintió deseos de hacer las pruebas más hermosas que nunca; era un ciclista de circo: las sabía hacer y el público en todas las funciones le demostraba su admiración y afecto aplaudiéndolo mucho.

Autor – Para la Revista de Autoclub 1975

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